Breve Historia de la Hipnosis

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Una buena forma de introducirse en el ámbito de la hipnosis clínica es transitar por su historia. De este modo, recorriendo el tiempo, los intereses y los esfuerzos puestos para acercarse más a este fenómeno, estaremos en mejores condiciones para entenderla. Se propone, por tanto, un recorrido histórico que nos sirva para contextualizar la hipnosis y todos los aspectos relacionados con ella.

La sugestión existe desde el momento en que los seres humanos se comunicaron. con posterioridad, este componente fue elaborado y desarrollado en la hipnosis. No es posible fijar el momento de la historia en que se produjo este acontecimiento. Probablemente fue un proceso largo y costoso, con aciertos y errores.

Nadie sabe con certeza los orígenes de la hipnosis. Desde los albores de la historia existen muchos indicios de que los hombres de todas las culturas utilizaban procedimientos hipnóticos con fines curativos; entre ellos, el alivio del dolor.

Los estados de “trance” están descritos desde muy antiguo. En las culturas no occidentales se empleaban sobre todo por parte de los “curanderos” o “sacerdotes”, siendo generalmente ellos (los curanderos) quienes entraban en estado de trance como parte de las ceremonias de curación.

Los antiguos pueblos como los mayas, los aztecas, los persas y los griegos utilizaban la hipnosis como medio de curación. Los sacerdotes o los brujos provocaban un estado llamado “sueño mágico” a través de la imposición de las manos o rituales caracterizados por cantos y bailes con un ritmo monótono.

La hipnosis es una vieja ciencia al servicio de una nueva humanidad. Los egipcios hace unos 3.500 años la llamaban la cura del sueño. Tanto en Babilonia como en Grecia y también en Egipto era empleada con distintos fines médicos.

Es a partir del siglo XVIII cuando comienza a ser utilizada de forma abierta, a raíz del descubrimiento del “magnetismo animal”, por Franz Anton Mesmer. Mesmer fue el precursor de la hipnosis en el siglo XVIII.

La hipnosis, tal como hoy la conocemos, empezó hace dos siglos en Francia. La palabra “hipnosis” (de una palabra griega, “hypnos”, que significa sueño) fue definida por James Braid en 1843.

La palabra Hipnosis tiene su origen en:

• “Hipno”: en la mitología griega (Hypnos) era la personificación del sueño, hijo de Érebo (dios de la oscuridad y la sombra) y Nix (diosa de la noche), y hermano gemelo de Thánatos (dios de la muerte) y padre de Morfeo (dios del sueño).

  • “Sis”:sufijo que significa acción, proceso o resultado de… o estado irregular.
    Por lo tanto la hipnosis sería un proceso o resultado o estado irregular de adormecimiento.

A Hypnos se le representaba con grandes alas de mariposas (capaces de trasladarle de un extremo a otro de la tierra, con sigilo y en un instante), sosteniendo en su mano una planta de adormidera.

En el año 1500 a/c, en Ebers (Antiguo Egipto): 
El documento escrito más antiguo, del que se dispone, que nos narra cómo la hipnosis era utilizada en tiempos remotos es El Papiro de Harris, también llamado Papiro Mágico o Papiro de Ebers. Escrito en lengua egipcia hierática cerca del 1.500 antes de Cristo. Describe cómo los adivinos egipcios empleaban métodos hipnóticos muy parecidos a los practicados actualmente. Muestra a un sacerdote egipcio magnetizando a un paciente o adepto. Los jeroglíficos reflejados en las pinturas murales del Templo de Imotep (Dios de la curación) muestran escenas similares.

En el año 500 a/c, en Grecia:
Los sacerdotes y hierofantes griegos practicaban técnicas parecidas a las inducciones hipnóticas en los llamados Templos del Sueño, con fines curativos. En algunos se rendía culto a Asclepio, dios de la Medicina.

En Grecia se utilizaban para consultar los oráculos. En el templo de Delfos se podía leer “gnosei seauton” (conócete a ti mismo) y se trabajaba con la medicina psicosomática y la curación a través de inducciones hipnóticas. En los escritos de platón podemos encontrar innumerables referencias a la medicina psicosomática, como por ejemplo: “Cuida bien el alma si no quieres enfermar del cuerpo y de la cabeza”.

Incluso Pitágoras: “Qué tu cuerpo no sea la cárcel de tu alma”. También era un gran filósofo y conocedor de la psique humana, aunque es más conocido por sus aportaciones matemáticas.

Epidauros fue un punto neurálgico y lugar de peregrinación, donde en el Templo de Asclepio (Esculapio para los romanos), se utilizaban métodos curativos de naturaleza ritual. Los pacientes eran introducidos en un túnel llamado “el Tolo”, por el que corría un riachuelo cuyo murmullo tranquilizaba a los enfermos. Los pacientes debían dormir ahí para que el dios pudiera aparecérseles en sueños, para confirmar el diagnóstico y sugerir un tratamiento. Además el paciente escuchaba voces supuestamente del dios, que le sugerían su pronta recuperación. Los enfermos, antes de abandonar el lugar, dejaban colgado en la puerta del Templo algún objeto personal, como prueba de su curación.

El Templo de Asclepio estaba dedicado a Asclepio hijo de Apolo y de Coronis, dios de la medicina.

La referencia a la antigüedad y a Grecia, en concreto, es generalmente reconocida. Sin embargo, la aportación más rigurosa y entroncada en la filosofía es la que ahonda en la utilidad de la palabra como terapia, como el fármaco de la mente. Así Platón propone la sugestión (la palabra sugestiva) como medio de obtener el orden y la armonía de que carece el enfermo, y Aristóteles, por otro lado, desarrolla la Retórica, como persuasión verbal y la Poética como forma de tratamiento psicológico y que incluye unas buenas dosis de catarsis. El reconocer el poder de la palabra como agente susceptible de producir cambios en el organismo es aceptar el elemento esencial que subyace a los fenómenos hipnóticos.

Gorgias (sofista “pensador” contemporáneo de Sócrates) afirmó que la fuerza (dynamis) de la persuasión para el tratamiento de la mente (psykhé) es equiparable a la de los mejores fármacos para la curación del cuerpo.

Más amplio fue el planteamiento de Platón acerca de la palabra sugestiva. Pensaba que la sugestión puede producir una “armoniosa y justa ordenación” de todos los elementos de la vida psíquica (creencias, sentimientos, impulsos, saberes, etc.) y que esta armonía (sóphrosyné) es condición previa para que sea máximamente eficaz la acción de los fármacos, por lo que estimaba que la terapéutica no es completa si no es capaz de conseguirla en los enfermos.

Aristóteles consagró todo un tratado, la Retórica, a la palabra persuasiva y distinguió en la Poética una nueva forma de “tratamiento psíquico”. Junto a la palabra dialéctica o convincente y a la retórica o persuasiva, describió la que produce una “catarsis”, término que utilizó con el significado de “liberación o purgación de las pasiones”, seguida del correspondiente alivio. La relacionó asimismo de modo explícito con la terapéutica, afirmando que un médico que supiera producir en la psykhé de ciertos enfermos efectos “catárticos” semejantes a los de un poema trágico vería completada radicalmente la eficacia de sus tratamientos. Tampoco este nuevo programa fue recogido en la medicina posterior, a pesar del decisivo influjo que recibió de la obra de Aristóteles, no sólo en el terreno de la biología, la filosofía natural y la lógica, sino también en el de la ética. En la célebre doctrina aristotélica del “justo medio” entre dos comportamientos extremos se basó directamente el texto sobre “dietética” de Diocles de Caristo, médico del siglo IV a.C. El término “dietética” no se refería únicamente a los alimentos, sino que designaba la regulación de todos los aspectos de la vida humana, tomando la medicina como norma. Este significado se mantuvo durante la larga vigencia de la higiene individual destinada exclusivamente a los privilegiados y poderosos, desde la Antigüedad clásica hasta comienzos del siglo XIX.

Edad media:
Durante la Edad Media se construyeron teorías y se ejercieron prácticas de hipnotismo brutalmente perseguidas y reprimidas por la inquisición, bajo la acusación de brujería y pactos con el diablo.

En la Edad Media se produjo la máxima represión de esta actividad, puesto que al imponerse una doctrina cristiana altamente rígida y conservadora, todo acto ajeno a ella, como es el caso de la inducción hipnótica o una simple referencia a la hipnosis eran considerados como una obra de superchería y brujería, con lo cual desnaturalizaban la esencia de la conducta humana, y de esos oscuros siglos no tenemos referencia de ningún hereje que haya desafiado el anatema eclesiástico contra la hipnosis y otros fenómenos.

Cultura árabe: No solo se permitía el hecho de estar loco, sino que se les defendía, porque eran los escogidos por Alá.

Cultura cristiana: Todo lo contrario, consideraban al individuo loco como poseído por el demonio. La solución que daban era la hoguera, sobre todo si era del sexo femenino.

En la Edad Media, la enfermedad era considerada como una posesión demoníaca y el clero católico, posesor de la casi totalidad de la medicina, optaba por rezos, privaciones y rituales impresionantes para actuar sobre el “espíritu poseído” del enfermo.

Juan Gilaberto Jofré (1350-1417):
Nacido en Valencia; con 25 años ingresó en la orden de la Merced (dedicada al rescate de prisioneros de guerra y esclavos). Se familiarizó con los métodos terapéuticos, caritativos, empleados por el Islam para los alienados, abandonando la creencia de que los locos eran endemoniados.

En 1409, a raíz de asistir al linchamiento de un “insano” en Valencia, consiguió que Martín I de Aragón, el Humano, con la bendición del Papa Benedicto XIII (el “Papa Luna”) abriera en esa ciudad el hospital de los Santos Mártires Inocentes, destinado a los enfermos mentales, pobres dementes y expósitos. Por tanto, Juan Gilaberto Jofré más conocido como el Padre Jofré creó e inauguró el primer establecimiento del mundo destinado a albergar y proteger a los locos y no a encerrarlos y castigarlos.

De concepción liberal, empleó siete médicos a tal efecto y una administración de diez comerciantes. El establecimiento funcionó durante cuatro siglos.

El padre Jofré murió en 1417, y gracias a su impulso se crearon en España seis centros idénticos en el siglo XV: Zaragoza (1425), Sevilla y Valladolid (1436), Palma (1456), Toledo (1480), y Barcelona (1481).

Johann Joeseph Gassner (1727-1779): 
Uno de los personajes más curiosos de los hipnotizadores ancestrales fue conocido como Padre Gassner.

Johann Joeseph Gassner, nacido en Alemania, sacerdote católico y contemporáneo de Mesmer, maestro de la sugestión, utilizaba sus impactantes y teatrales técnicas hipnóticas para esparcir su fe y sus creencias religiosas.

Gassner efectuaba curaciones realmente peculiares, rodeado de un ambiente atemorizador. El paciente aguardaba unos minutos en soledad hasta que Gassner irrumpía con una impresionante vestimenta negra, blandiendo un crucifijo y atacando con voz atronadora a las fuerzas del mal y a los demonios causantes de todos los padecimientos. En otras ocasiones hacia aguardar al sujeto en condiciones de penumbra, durante unos minutos y al cabo de un rato sigilosamente se acercaba por detrás haciendo sonar un gong a la par que gritaba ordenes imperiosas a los demonios que lo poseían.

Gassner conseguía curaciones casi milagrosas y a la vez ejercía una poderosa influencia sobre el espíritu del paciente, utilizando de un modo exagerado todos los elementos de la sugestión y la fascinación. Inducia al trance, gritando impulsivamente sugestiones de sueño en alemán y latín o bien por simple contacto con la cruz en la frente de los congregados.

Los testimonios de la época aseguran que su imponente presencia y su atemorizante puesta en escena, lograba inducir ese estado de trance en la mayoría de las personas en menos de siete segundos. Lo cierto es que en su procedimiento reunía todas las características básicas de la ejecución de la hipnosis instantánea.

Del padre Gassner se cuenta infinidad de anécdotas, se dice de él que sus pacientes nunca regresaban, no se sabe bien si por que realmente Gassner les había resuelto el problema o quizás por no pasar por tales terrores de nuevo.

Es bien cierto que Gassner se beneficiaba de su rango religioso y su prestigio a la hora de llevar a buen puerto muchas de esas inducciones al trance, pero si hemos de creer lo que los cronistas de la época cuentan, resultaba ser un magnifico hipnotizador. Estamos pues ante un personaje que no emplea las técnicas clásicas de los magnetizadores de la época, ni habla en ningún modo de fluido magnético, como mas tarde insinuaría Mesmer.

Gassner empleaba directamente la sugestión pura y dura y quizás en eso fue uno de los primeros en aplicarla para conseguir estados de trance instantáneos.

Friedrich (Franz) Anton Mesmer (1734-1815): 

Fue el precursor de la hipnosis. El empleo sistemático de la hipnosis comenzó con Franz Anton Mesmer. Mesmer estaba convencido de que el magnetismo podía curar muchas enfermedades. Su argumento era que si la luna ejerce un poder sobre los mares de la tierra, también podría influir en los fluidos del cuerpo humano y de hecho restablecer la salud. Según Mesmer, todos estábamos bajo el poder de los fluidos magnéticos. Para él la enfermedad era creada por una sugestión del organismo que se podía solucionar con la transmisión de ondas magnéticas.

Mesmer fue el descubridor de una espectacular manera de curar enfermedades, basada en la sugestión.

 

 Llegó a París (entonces, el centro del mundo) en 1778 precedido de una reputación de hacedor de milagros. Al parecer había devuelto la vista a una joven músico de Viena que la había perdido.

La forma de trabajar de Mesmer era espléndida y teatral. Partía de la base de que él era capaz de acumular una porción del “fluido universal” (hoy lo llamaría “energías positivas”) y de transmitirlo a sus semejantes.

La Academia de Medicina rechazó sus técnicas, pero uno de sus pacientes (M. Bergasse) abrió una suscripción de 100 luises por persona que le fue ofrecida a Mesmer para montar una clínica, a condición de revelar a los suscriptores los secretos del “magnetismo animal”.

La sala de tratamientos que montó Mesmer en el Hotel Bouillon estaba instalada con gran habilidad: semioscuridad, perfumes orientales, músicas lejanas y exóticas, así como decoración recargada y misteriosa. Presidía el centro de la sala la llamada “cubeta de la salud”, una especie de simbiosis entre altar y pila bautismal, llena de agua sulfurosa. Los pacientes se sentaban rodeados por cordones que salían de la cubeta. Asimismo, tocaban con las manos, de vez en cuando, unas varillas metálicas en contacto con el agua, las cuales debían apretar sobre las partes enfermas de su cuerpo. También se tocaban unos a otros en las puntas de los dedos, para hacer circular “el fluido”. Mesmer, majestuoso en su túnica de seda morada, pasaba entre ellos tocándoles con su varilla, o con sus manos, en la frente y en las manos. No era extraño que durante el acto los pacientes entrasen en trances convulsivos.

Las sesiones de magnetismo de Mesmer tuvieron tanto éxito que cuando el tumulto de la gente no permitía practicar el magnetismo en la sala de tratamiento, Mesmer “magnetizaba” un árbol fuera de la sala y pedía a los pacientes disfrutar del magnetismo. Mesmer consiguió curaciones espectaculares por medio de su nuevo método de magnetismo.

Sea como fuere, el caso es que Mesmer se hizo el “hombre de moda”, y su consulta, bien repleta, tenía listas de espera que en nada envidiarían a las de nuestra Seguridad Social.

Ante las apasionadas discusiones entre partidarios y críticos, el Rey encargó a una comisión de científicos que analizasen el trabajo de Mesmer. Como curiosidad señalemos que en el grupo de expertos compartieron tareas el químico Lavoisier, Benjamin Franklin y el tristemente relevante Dr. Guillotin. Los resultados fueron negativos para el austriaco, y un informe de la comisión (del que se publicaron 20.000 ejemplares) ilustraba acerca de la superchería.

Al ver que venían malos tiempos para él, Mesmer volvió a Alemania y se llevó el dinero de sus suscriptores, quienes nunca obtuvieron el secreto prometido. A pesar de sus evidentes falacias, el método de Mesmer fue un indiscutible precursor (y posiblemente un inspirador) de futuras investigaciones y aplicaciones en el campo de la medicina psicosomática.

Entre los seguidores de Mesmer hay que recordar al Marqués de Puységur (quien descubrió el sonambulismo e insistió que la palabra por sí misma era suficiente para el magnetismo) y al padre Faria (quien según Schulz había reconocido y utilizado la sugestión en toda su significación).

Mesmer vio la hipnosis como un caso típico de magnetismo animal, a través del cual se podía influir o comunicarse con el sujeto a hipnotizar, obtuvo conductas extrañas que fueron precisamente originadas por un fluido emitido por los humanos.

Conde Alejandro de Cagliostro (1743-1795): 
Médico, alquimista, ocultista y alto masón. Amigo y sucesor del conde de Saint Germain, afirmaba conocer las “ciencias” de la alquimia y la hipnosis, así como la medicina. Cagliostro fue un personaje encantador de las cortes reales de Europa, donde practicó la magia, la curación psíquica, la hipnosis, la alquimia, la adivinación por medio de la bola de cristal y otras artes ocultas.

Algunos historiadores lo acusaron de ser un embaucador y un farsante, mientras que otros afirmaron que sus poderes psíquicos y ocultos eran verdaderos, y que Cagliostro era un hombre generoso que había tratado de ayudar a los pobres. Conde Alejandro de Cagliostro, que había seguido los pasos de Paracelso, sostiene que las curaciones tienen una base racional y explicable, y demuestra cómo no es necesario ser sacerdote o rey para conseguir resultados positivos.

Pepetin, J. (1744-1808): 
Médico francés. En un principio fue adversario al magnetismo. Descubrió el estado de la catalepsia hipnótica, al percatarse de la semejanza entre la catalepsia histérica y la provocada por medio del magnetismo. Posteriormente se dedicó a la difusión del magnetismo, publicando varios libros, debido a este descubrimiento.

Philippe Pinel (1745-1826):

Médico francés dedicado al estudio y tratamiento de las enfermedades mentales. Considerado el fundador de la psiquiatría en Francia. Después de realizar sus estudios en Toulouse y en Montpellier, trabajó en el hospital de La Bicêtre y en el hospital de la Salpêtrière. Introdujo importantes mejoras en el tratamiento de los enfermos mentales y luchó para que la psiquiatría tuviera categoría de disciplina independiente de la medicina general. En el campo institucional propugnó la humanización del trato que se daba por entonces a las personas alienadas, eliminando como primera medida, su encadenamiento a las paredes. Consideraba posible la recuperación de un amplio grupo de los “alienados” (tal la denominación social de la época a los “locos”) a partir del tratamiento moral. Fue catedrático de patología médica y escribió diversas obras, entre las que destacan “Nosografía filosófica” (1798) y “Tratado médico-filosófico sobre la enajenación mental o la manía” (1801).

Pinel redactó en 1801 “Traité Médico-Philosophique sur l’aliénation mentale”. Su clasificación distingue entre:

• La melancolía simple (delirio parcial)
• La manía (delirio generalizado con agitación)
• La demencia (debilitamiento intelectual generalizado)
• La idiocia (perturbación total de las funciones intelectuales)

Pinel consideraba a las enfermedades mentales como un desarreglo de las facultades cerebrales causado por cierto número de causas:

• Causas físicas, en primer lugar.
• Herencia, a la cual le otorga un lugar destacado.
• Causas morales, que se pueden separar en:
• Pasiones intensas y fuertemente contrariadas o prolongadas.
• Excesos de todo tipo, (las irregularidades de las costumbres y del modo de vida, la educación excesiva, ya sea por molicie (blandura) o por dureza excesiva, que es factor predisponente).

A las neurosis las separará en dos grandes grupos:

• Comatosas: Las afecciones comatosas suponen la desaparición total de las funciones cerebrales, las intelectuales superiores. Hay pérdida total de relación con el mundo, pérdida del lenguaje, etc.

• Vesanias: Dividiéndolas en cuatro especies:

a) Manía.
b) Melancolía.
c) Demencia o abolición del pensamiento.
d) Idiotismo.

En las vesanias (concepto considerado como su gran hallazgo), la pérdida de las funciones intelectuales superiores es parcial.

Es el primero que divide a la locura en cuatro grandes clases:

• MANIA propiamente dicha: En la cual el delirio es general.

• MELANCOLIA: El delirio es parcial, está limitado a un objeto o grupo de objetos. Hay en el melancólico una tristeza profunda, falta de deseos de vivir.

• DEMENCIA: Antecedente de la “Dementia Praecox” de Kräepelin, lo que actualmente se conoce como Esquizofrenia.

• IDIOCIA o IDIOTISMO: Consiste en la obliteración de las funciones intelectuales. El sujeto queda reducido a una existencia vegetativa, con restos esporádicos de actividad psíquica (ensoñaciones dulces, sonidos semiarticulados, crisis de exaltación). Puede ser orgánica o adquirida, y entonces a menudo transitoria. Es lo que en la actualidad recibe el nombre de oligofrenia o debilidad mental.

Pinel suprimió las sangrías y los tratamientos inútiles, que no servían más que para debilitar a los enfermos. Pensaba que se podía curar a los locos con palabras de estímulo y que, en el caso de los delirantes, podía atenuarse la opresión de la idea dominante mediante un razonamiento hábil, para lo que la figura del médico ocupaba un lugar crucial. A pesar de aquello, algunos de sus tratamientos (como la sofocación en pilones de agua, con el paciente atado a una silla basculante, o la “cura de hambre”) han de considerarse actualmente como bastante brutales.

Pinel rechazó las teorías que daban cuenta de la locura por un daño material en el cerebro, o más bien, rechazó la extensión a todo caso de locura de algunas constataciones aisladas: las autopsias que realizó no le mostraron nada constante ni específico; si existían lesiones, ellas podían deberse a la enfermedad que causó la muerte y no tener ninguna relación con la locura, ya que encontró lesiones en personas que no habían presentado manifestaciones delirantes; finalmente, concluyó que la mayoría de las veces ninguna lesión era perceptible en la locura.

Concluyó entonces que es probable que en la inmensa mayoría de los casos (exceptuando gran parte de idiotismos congénitos), la locura está exenta de daño material del cerebro. El cerebro no está dañado, la mente solamente está alterada en su funcionamiento, de donde surge la acción del posible tratamiento moral y la curabilidad potencial de la locura en una proporción que estimó elevada, al menos para la manía y la melancolía no complicada. En la demencia (antecedente de “Dementia Praecox” de Kraepelin) y el idiotismo las curas son raras, el entendimiento está tan disociado que el sujeto permanece inaccesible a las percepciones exteriores y, por lo tanto, a las influencias exteriores.

Pinel así se alzó contra el dogma de la incurabilidad de la locura, bastante extendido en aquella época.


Armand-Marie-Jacques de Chastenet, Marqués de Puységur (1751-1825): 

Aristócrata francés. Es conocido como uno de los fundadores pre-científicos de la hipnosis, lo que en su época se denominaba magnetismo animal o mesmerismo. Armand de Puységur descubre el “Sonambulismo Magnético” y la clarividencia. Uno de sus pacientes (Víctor Rase) habla, se mueve y demuestra un conocimiento superior en un trance del que al despertar no recuerda nada.

La contribución del marqués de Puységur, en el desarrollo de la hipnosis fue en cierto modo anecdótica. Siguiendo la estela de Mesmer y practicando en el uso del magnetismo animal obtuvo en algunas personas un estado de sonambulismo que denominó “provocado”. Este sonambulismo, además, constituía un estado especial de clarividencia. En él, según Puységur, las personas recordaban con claridad, podían prever el futuro y conocer acerca de la naturaleza, diagnóstico y orientación al tratamiento de enfermedades. El marqués de Puységur, que no era médico, comunicó sus hallazgos a la “Sociedad de la Armonía”. Las “Sociedades de la Armonía” se constituyeron entre los seguidores de Mesmer y se centraban en la búsqueda del equilibro (armonía) del magnetismo como fuerza vital.

El hallazgo de Puységur fue difundido en la última década del siglo XVIII y llamó la atención de la clase médica, en especial por la relación existente entre el sonambulismo, la histeria y las características especiales conferidas a ese estado de sonambulismo. Así a principios del siglo XIX, Petetin, médico, relacionó el sonambulismo provocado con la catalepsia histérica. Consideró, además, que no se trataba de una fuerza magnética sino eléctrica que se originaba en el cerebro y que confería una especial sensibilidad y receptividad sensorial a las personas. Esto justificaría no sólo la viva sensibilidad de los catalépticos sino también su especial cualidad para el recuerdo.

Abate Faria, o Abate José Custodio de Faria, (1756-1819): 
Clérigo nacido en la colonia portuguesa de Goa y doctorado en Roma, hizo la aportación más relevante al desarrollo de la hipnosis en los comienzos del siglo XIX. Fue un pintoresco monje Indo-Portugués, que fue de los primeros pioneros en el estudio científico del hipnotismo. Faria entendió, a diferencia de sus predecesores, que el hipnotismo estaba basado en el poder de la sugestión, en el siglo XIX introdujo la hipnosis oriental en Paris. El sacerdote Faria demuestra el método de la Fascinación. Fija su mirada en los sujetos y les ordena dormir enérgicamente. Para él el trance es cuestión de la imaginación del sujeto, no de magnetismo.

Se sabe que el abate Faría hacia 1815 abrió un curso público sobre “magnetismo hipnótico” en París y esta quizás haya sido hasta el momento la expresión más clara del carácter oriental de los métodos de hipnosis en cuanto a su origen.

El Abate Faría, fue el primero en comprender que la hipnosis es un fenómeno psicológico y lo conceptuó como un “sueño lúcido”, destacando que para hacer aparecer este sueño, era necesaria la concentración por parte del sujeto.

En contacto con Puységur inicia su actividad como hipnotizador y pronto constata lo innecesario del magnetismo animal para explicar los fenómenos hipnóticos. Así considera que es la sugestión verbal la responsable de los efectos observados y desarrolla diversos métodos y técnicas para aplicarla. En esto influirá decisivamente en autores como Liébault y Bernheim precursores de la hipnosis como es considerada en el momento actual. Faria hizo, además, otras dos aportaciones sustanciales. La primera fue la consideración del por él denominado “sueño lúcido” como un fenómeno natural y nada extraordinario ni ajeno a la realidad humana. La segunda fue la aceptación de que los fenómenos observados no dependen de causas externas (magnetismo, electricidad, etc.), sino que “residen” en el propio sujeto, en su disposición y aceptación a ser influenciado. Esta vuelta a la realidad, a no buscar causas externas antinaturales no le sirvió para evitar ese halo de charlatanería al que fueron asociados los seguidores de Mesmer, que quedó caracterizado de forma pintoresca en el personaje del “abate Faria” que Alejandro Dumas introdujo en El Conde de Montecristo.

Jules Germain Cloquet (1790-1883):
Médico francés que se interesó en nuevos métodos terapéuticos, como el hipnotismo y la acupuntura. Llegó a aplicar esta última técnica en Saint-Louis y escribió un tratado sobre el tema. Sus colegas, no obstante, no se tomaron demasiado en serio este procedimiento.

El 12 de abril de 1829, el Doctor Cloquet realizó una mamectomía bajo hipnosis profunda con éxito a una paciente de 64 años. A partir de esa fecha, se practicaron infinidad de intervenciones quirúrgicas bajo hipnosis, teniendo en cuenta, que por entonces no existía aún la anestesia química. Todas estas operaciones tuvieron éxito, se hicieron sin dolor y no tuvieron complicaciones postoperatorias.

John Elliotson (1791-1868): 
En 1837 el Dr. John Elliotson uno de los médicos de mayor reputación en Inglaterra y el primer Profesor de Medicina en el recientemente inaugurado Hospital Universitario anexo a la Universidad de Londres, se transformó en un ardiente partidario de la apenas conocida ciencia del mesmerismo. John Elliotson se interesó en el magnetismo a través de Richard Chenevix, un estudiante de Faria, y aprendió del Barón Jules Dupotet. Elliotson en 1843, publicó un trabajo donde describía numerosos casos quirúrgicos sin dolor, la anestesia todavía no se había inventado. Aplicó la hipnosis como anestesia en operaciones quirúrgicas importantes.

Durante largos años publico el Zoist, una revista científica en la cual se dieron a conocer numerosas operaciones sin dolor y otros fenómenos del mesmerismo.

James Braid (1795-1860): 

Un cirujano y oculista escocés llamado James Braid investigó, por primera vez de manera científica, el fenómeno del sueño provocado por un magnetizador.

Braid propuso que los imanes y el magnetismo no eran los responsables del estado hipnótico y la consecuencia de las curaciones. Braid utilizó la palabra “hypnos” que en griego significa sueño y explicó la naturaleza de este estado hipnótico, excluyendo la existencia de fluidos magnéticos emanados de las manos o de los ojos del magnetizador. Ya que Braid era un oculista creyó que la fijación de la mirada en un punto luminoso cansaba los músculos alrededor de los ojos y que esta fatiga producía el estado hipnótico. Como médico tuvo conocimiento de los fenómenos hipnóticos y le sorprendió la dificultad de los sujetos para mantener los ojos abiertos.

 

Él que entre sus actividades médicas y quirúrgicas se encontraba la oftalmología y más concretamente la corrección del estrabismo, pensó que el cansancio producido por la fijación ocular producía unas alteraciones en el sistema nervioso que facilitaban el sueño. De este modo y mediante un procedimiento “físico” se podía inducir el estado hipnótico en lo que vino a denominarse el “sueño nervioso”, frente al “sueño lúcido” de Faria. Braid diferenciaba el “sueño nervioso” del sueño convencional y lo utilizó con fines terapéuticos concretamente para el control del dolor, en lo que constituye una puerta a las aplicaciones clínicas de la hipnosis.

Con las aportaciones de Faria y Braid se rechaza al magnetismo, electricidad y otras explicaciones similares como provocadores de la hipnosis y se acepta que es la participación efectiva del sujeto la que pone en marcha el fenómeno. Que dicho fenómeno puede ponerse en funcionamiento mediante la palabra o por acción de determinados cambios fisiológicos, inducidos mediante instrucciones verbales.

El método de Braid consistía en presentar un objeto brillante luminoso que podía ser un prisma, una bola de cristal… ante los ojos del sujeto, un poco por arriba de la base de la nariz, al nivel de la frente.

La fijación de la mirada en estos objetos traía como consecuencia cansancio en los músculos elevadores de los párpados, en un tiempo más o menos corto, que obligaba a cerrar los ojos por el parpadeo y la fatiga ocular que inducía el sueño.

Braid utilizó el término “hipnoscopio” para designar al instrumento que empleaba para hipnotizar, que era cualquier objeto brillante.

Fueron tan importantes los descubrimientos de Braid y tan efectiva su técnica, que actualmente todos los métodos para hipnotizar que se basan en la fijación de la mirada se conocen como método de Braid.

La gran contribución de Braid fue agrupar bajo un término científico todos los fenómenos que aparecían en lo que erróneamente se llamaba magnetismo animal.

Fue muy significativa en el desarrollo de la hipnosis la creación de su método de fijación de la mirada, que tiene una gran efectividad y es bastante utilizado actualmente por muchos profesionales de la hipnosis, ya que en realidad la fijación de la mirada provoca cansancio y agotamiento de los músculos elevadores de los párpados, lo que conduce al sueño.

Los descubrimientos de Braid permitieron que la hipnosis saliera del campo mitológico y sobrenatural que hasta entonces la identificaba.

James Esdaile, (1808-1859):
Médico cirujano británico conocido como el padre de la anestesia hipnótica. Su método se utilizaba antes de la invención del cloroformo. Llevó a cabo en Calcuta 19 amputaciones y trescientas operaciones mayores usando tan sólo anestesia magnética. Pero a pesar de los excelentes resultados obtenidos y las opiniones favorables por parte de diversas comisiones médicas, se le acabó prohibiendo oficialmente el uso de la hipnosis en la ejecución de sus intervenciones. En el transcurso de su trabajo, Esdaile comprobó un fenómeno que permanece inexplicado aún en nuestros días. En su época, la mortalidad por infección post-operatoria alcanzaba el 50%, sin embargo en las intervenciones que utilizaban anestesia hipnótico-magnética, este porcentaje descendía hasta tan sólo un 5%, hecho que fue constatado por los científicos de la época.

Pierre Paul Broca (1824-1880): 
Fue médico, anatomista y antropólogo francés. Niño prodigio de su época, consiguió graduarse simultáneamente en literatura, matemáticas y física. Ingresó a la escuela de medicina cuando tenía sólo 17 años y se graduó a los 20, cuando la mayoría de sus contemporáneos apenas comenzaban sus estudios médicos.

Broca se hizo famoso por el descubrimiento del centro del habla (ahora conocido como el área de Broca, o tercera circunvolución del lóbulo frontal).

El 5 de diciembre de 1859 Broca practica en el hospital Necker de Paris una operación bajo anestesia hipnótica de la que da cuenta delante de la Academia de las Ciencias poco después, con ello lanzó la hipnosis al mundo médico actual.

Liébeault, Bernheim y Charcot: 
Las dos escuelas “La Escuela Psicológica de Nancy” y la “Escuela Neurofisiológica de Paris del hospital la Salpetrière”.

• Ambroise August Liébeault (1823-1904): Nació en la aldea de Fariéres, en la Lorena, y estudió medicina en la Universidad de Estrasburgo. Ejerció como médico general, primero en una pequeña localidad cercana a Nancy, y posteriormente en esta ciudad. Siendo todavía estudiante, tras la lectura del informe de la Academia de Medicina de París de 1831, se interesó por el magnetismo animal e inició algunas experiencias que fueron interrumpidas por sus profesores. En los años cincuenta, cuando comenzó su ejercicio profesional, la práctica del magnetismo había quedado relegada en Francia al nivel de los curanderos. A pesar de ello, se dedicó a analizar sus posibilidades terapéuticas, siguiendo la recomendación de estudiar rigurosamente los fenómenos “magnéticos”, que tres décadas antes habían hecho dos personalidades médicas tan prestigiosas como Georget y Rostan. Utilizó en primer término el método habitual de los magnetizadores para producir el “sueño artificial”, en el que encontró inconvenientes, como una gran lentitud. Pasó a ensayar el método de Braid, que consideró inferior y proclive a ocasionar algunos accidentes. Finalmente introdujo la sugestión verbal, ya utilizada por el abate Faria, principal fundamento de su propio método: “A partir de esta reforma capital en mi manera de hipnotizar, mis enfermos se durmieron tranquilamente y con mucha mayor rapidez”. Incorporó también la sugestión colectiva: “Hipnotizamos a nuestros pacientes en grupos de quince o veinte, produciéndose así un ambiente propicio a la aparición de los efectos, el necesario entrenamiento y una actitud confiada y favorable de los enfermos”. Con su demostración de que podían ser hipnotizadas personas psíquicamente normales fue uno de los principales argumentos que Bernheim opuso al concepto de “neurosis provocada” formulado por Charcot.

En el procedimiento de Liébeault, basado en la contemplación con la ayuda de la mirada, en la sugestión verbal y el instinto de imitación, la fijación de la mirada (en un objeto o en los ojos del hipnotizador) no tiene la función primordial que le había atribuido Braid. Su única finalidad era lograr, por la concentración de la atención en el órgano de la vista, un estado inicial de inercia del cerebro, haciéndolo más sensible a la sugestión. Lo fundamental es la sugestión verbal, bien mediante una orden imperiosa, tal como hacía Faria, o todavía mejor, anunciando repetidas veces en voz baja la aparición de los principales síntomas del estado inicial del sueño: “Así por una sugestión múltiple, pero tendiendo al mismo fin, la idea de dormir se insinúa poco a poco en la mente y acaba por quedar fija en ella”. Liébeault no se atribuyó en ningún momento la originalidad del método, que presentó como el resultado de combinar los elementos más adecuados de los anteriores, en especial el de Faria: “Al procedimiento ya conocido por los magnetizadores durante largo tiempo, añadimos la sugestión del sueño, ya utilizada por el abate Faria”.

En 1866, Liébeault expuso los resultados de tres lustros de experiencias en el libro “Du sommeil et des états analogues considerés surtout au point de vue de l’action du moral sur le physique” (Sobre el sueño y estados análogos considerados sobre todo desde el punto de vista de la acción de lo moral sobre lo físico). Volvió a defender que los fenómenos “magnéticos”, especialmente el sonambulismo, son procesos fisiológicos naturales. Faria, con un criterio descriptivo, había hablado de “sueño lúcido”. Braid, subrayando su dependencia de modificaciones cerebrales, de “sueño nervioso”. Liébeault, situando en primer plano su causa, prefirió denominarlo “sueño provocado”. Para explicar el mecanismo psicosomático de la sugestión, concedió gran importancia a la atención como “fuerza activa procedente del cerebro” que, por una parte, a través del sistema nervioso permite el funcionamiento de los órganos de los sentidos, dando lugar a las sensaciones y las percepciones; por otra, actuando sobre la información ofrecida por los sentidos, conduce a las ideas y, por lo tanto, al pensamiento, que consiste fundamentalmente en “la reacción de la atención sobre las ideas recordadas”. La propiedad de la atención de “condensarse allí donde es llamada y disminuir al mismo tiempo en otros puntos” condiciona dos formas distintas de los efectos de la “fuerza nerviosa” en el organismo: el “estado libre o activo”, propio de la vigilia máxima, y el “estado de acumulación o pasivo”, propio del sueño y de situaciones análogas. La clave explicativa de los fenómenos hipnóticos reside en que la sugestión, actuando en situaciones de “estado pasivo”, produce desplazamientos de la “fuerza nerviosa”.

La edición original del primer libro de Liébeault pasó inadvertida, ya que hasta 1882 sus estudios no fueron descubiertos por el profesorado de la Facultad de Medicina de Nancy. Por el contrario, tras el enfrentamiento entre Bernheim y Charcot, la segunda edición (1889) y la traducción al alemán (1892) se difundieron ampliamente en los ambientes médicos académicos de toda Europa. El mismo año de su jubilación publicó un segundo libro con el significativo título de “Therapéutique sugestive” (1891), que debe considerarse uno de los hitos más importantes del proceso de constitución de la psicoterapia. La introducción definitiva de la sugestión verbal como tratamiento fue consecuencia directa de su análisis de los procedimientos que habían utilizado magnetizadores e hipnotizadores:

“Después de haber empleado los métodos más comunes, insuflaciones, pases, consultas a los sonámbulos, tratamientos por ellos prescritos y, finalmente, la sugestión, me he quedado con este último, que los comprende a todos y que resume su quintaesencia”.

En este aspecto, la obra de Liébeault no sólo superó los planteamientos de Faria, sino también los de Braid, para quien la sugestión tenía solamente una función indirecta en la producción de los fenómenos.

Sin embargo, Liébeault no se redujo a introducir la “terapéutica sugestiva” y a demostrar su eficacia en miles de casos, ya que la fundamentó en un intento de teoría psicogénica. El capítulo inicial de su segundo libro está dedicado a explicar “cómo ciertas enfermedades nacen moralmente y cuál es su mecanismo dinámico de formación y mantenimiento”. Dando por incuestionable su existencia, afirma que dependen básicamente de la formación de una “idea fija persistente” en “estados pasivos”, es decir, de inercia de la mente. Según sea el origen de esta última, admite tres modos posibles de aparición de fenómenos patológicos: la fijación de la atención en una idea sin acompañamiento emotivo, por imitación o “contagio psíquico”, el nacimiento de la idea morbosa en la situación psíquica creada por una emoción brusca y su desarrollo en la originada por una emoción persistente. Este mecanismo no solamente contribuye a producir las enfermedades consideradas “nerviosas”, sino también orgánicas con lesiones anatómicas, cuyo eslabón patogénico es la acumulación o disminución de la “fuerza nerviosa” en ciertos plexos vegetativos, con los consiguientes trastornos de las funciones y alteraciones locales de los órganos. “Desde la simple dispepsia hasta el cáncer (concluye) surgen en una pléyade de enfermedades ecos amplificados de la acción de la mente”. El mantenimiento del proceso morboso se realiza a través de un círculo vicioso en torno a la “idea fija central”, ya que:

“Una vez ocupada la mente por la idea fija de que se está realmente enfermo de una afección grave en una parte cualquiera del cuerpo, se establece un circuito de donde no es fácil salir. Es la serpiente que se muerde la cola, es el mal que vive del mal”.

Según Liébeault, en estos mecanismos psicogénicos influye la predisposición individual, en parte hereditaria y en parte adquirida, a “caer en estados de inercia mental”, de donde deduce la idea de su prevención, de una especie de higiene mental destinada a conseguir la fortaleza frente a las sugestiones propias y ajenas.

El segundo capítulo del libro se ocupa de “encontrar las circunstancias de las curaciones por acción del pensamiento sobre el organismo y conocer los modos funcionales de estas curaciones, su ley”. Se producen por un mecanismo inverso al que da lugar a la aparición de alteraciones patológicas, mediante la “sustitución de una idea fija morbosa por una idea fija de la curación”, acompañada de modificaciones fisiológicas consistentes en desplazamientos de la atención con el consiguiente aumento o disminución de la “fuerza nerviosa” en la parte afecta. Liébault considera que la explicación del mecanismo de las curaciones psíquicas espontáneas no tiene en sí misma significación terapéutica. Lo realmente nuevo e importante es disponer de un método para reproducirlo:

“Si se prueba que se pueden reproducir artificialmente con finalidad terapéutica las mismas reacciones mentales en sentido inverso que las que favorecen la formación de un gran número de enfermedades, situándose por consiguiente en las condiciones de la naturaleza curativa por influencia psíquica, el método racional de curar por medio de la mente no puede tardar en entrar en la ciencia”.

• Hippolite-Marie Bernheim (1837-1919): Psiquiatra nacido en Alsacia, era profesor agregado de la facultad de Medicina de Estrasburgo, en el último cuarto del siglo XIX, cuando contactó con un médico rural, Liébeault, el cual había desarrollado un método hipnótico muy parecido al que hoy en día empleamos. Se apartaba completamente de las turbias teatralidades del método mesmeriano.

Juntos crearon la “Escuela psicológica de Nancy”, auténtica pionera en el estudio de la hipnosis, y opuesta a la “Escuela neurofisiológica de París” del Hospital de la Salpetrière, en la que el neurólogo francés más importante de aquellos tiempos, Charcot, impartía sus lecciones de neurología, pero también de psiquiatría e hipnosis. La doctrina de Charcot era que solamente se podía hipnotizar a los enfermos histéricos (lo cual es un notorio error). Pero su fama como neurólogo era tal, que por sus aulas pasaron alumnos que, con el tiempo, serían grandes médicos (Sigmund Freud, entre ellos).

La escuela de Nancy, menos laureada en su época, trabajó de forma más callada. Las publicaciones de Bernheim son predecesoras de la moderna medicina psicosomática, y de las aplicaciones de la hipnosis en este tipo de enfermedades.

El profesor estrasburgués no utilizaba ningún procedimiento técnico auxiliar; trataba de sugerir verbalmente al paciente que estaba entrando en sueño hipnótico, usando sólo la palabra. Consideraba que parte de lo que se puede hacer con las personas hipnotizadas está supeditado únicamente a la sugestión; es decir, que desde la preparación del paciente hasta los efectos posthipnóticos dependen de la misma.

Estimaba la posibilidad de despertar recuerdos que al parecer estaban completamente borrados en el paciente. Esto demostraba que bajo la hipnosis la conciencia no está abolida, que la persona hipnotizada no obra como un autómata inconsciente, sino que ve, oye y sabe lo que hace.

Su método consistía en poner al paciente sentado o tendido, indicándole como aspecto fundamental una relajación de la musculatura estriada y apartar de su espíritu todo temor o pensamiento desagradable. La mirada del hipnotizador se dirigía hacia los ojos del paciente, repitiéndole de manera algo imperativa que poco a poco experimentaría una especie de entorpecimiento que le haría sentir pesados sus párpados, bajo el influjo de la somnolencia, hasta llegar a sentir un deseo irresistible de dormir.

La entrega de Bernheim al estudio y a la investigación le permitió que en un periodo de cuatro años acumulaba 5.000 casos, de los cuales hipnotizó a el 75%. Posteriormente llegó a tener 10.000 casos donde el 83% fueron hipnotizables.

Bernheim, no contento con estudiar la sugestión hipnótica y su relación con el sueño, creó una metódica de sugestiones que consideraba como positivas y negativas con fines terapéuticos. Dentro de estas sugestiones se encontraba la sensación de bienestar o de desaparición de los síntomas.

Él pretendía comprender a sus pacientes partiendo de las motivaciones de los mismos y del descubrimiento de fenómenos psicológicos provocados en estado hipnótico, principalmente en aquellos casos donde estaba presente la sugestión posthipnótica.

En 1884 Bernheim publicó un libro de gran importancia, “De la suggestion dans l’ état hipnotique et dans l’ état de veille”, en el que aparecía definida la sugestión en forma más precisa, hasta llegar al término de heterosugestión, el cual se emplea actualmente para definir el tipo de sugestión que se utiliza en la hipnosis humana.

Bernheim definía la hipnosis como un estado especial, producido artificialmente y que ponía en estado exaltado en diversos grados la sugestibilidad, o sea, la actitud para sufrir el efecto de una idea y poder ejecutarla. Juzgaba que para que la sugestión hipnótica tuviera efecto y se pudiera trabajar con ella, era necesario que existiera en el paciente una disposición o receptividad cerebral, y afirmaba que en un elevado porcentaje de personas se podía encontrar esta condición, por lo que no era posible reducir la hipnosis a pacientes neuróticos e histéricos como sostenía Charcot, quien había sido su profesor y en aquel entonces era su colega, y que gozaba de gran autoridad en la materia, pues era la principal figura de la Escuela de París.

Para Bernheim, el trance hipnótico no era más que un estado de sugestibilidad exaltada que puede producirse con sueño o sin él; es decir, consideraba la sugestión como un acto por el cual una idea se introduce en el cerebro de los pacientes a través del receptor auditivo.

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